Un nuevo amanecer

asier
3 min readJun 2, 2023

Durante las dos semanas que su hermana no está en casa Carlos pasea a Flash, el pug deforme, durante media hora todas las mañanas. Sube por la calle Aguirre hasta el paso de cebra y ahí enfila por la avenida hasta el parque, en donde suelta al monstruo que corre como si no hubiese un mañana. Le gusta esa intensidad que tienen los perros, esa sensación de aprovechar cada instante como si fuese el último, como si nunca más pudiesen ir al parque o lamer toda la cara de Carlos. Le gusta, pero no pretende aplicar esa filosofía. Mientras que Flash corre se fija que sus ojos están cada vez más fuera de las órbitas, al igual que su lengua, que casi le hace tropezar. Estos tres últimos días ha vuelto al parque con una regularidad pasmosa, Flash juega con Troski, un pastor alemán de pura raza que lo pasea Laura, una chica rubia que no deja de sonreírle.

Ambos pasan a cuarto de la ESO en septiembre y si bien Carlos nota que la interpretación que hace Laura de la historia y la política es muy diferente a la de él, ambos conversan muy acaloradamente durante la media hora que están en el parque. ¿Tú crees en el nacionalsocialismo?, le preguntó ella un día. Laura no dejaba de mirarle, ansiosa por saber si ese podría ser el inicio de una bonita amistad. Y claro, ¿qué podía hacer Carlos? ¿Decía la verdad y rompía para siempre ese maravilloso encuentro que le revolvía por dentro o asentía y dejar crecer la bola de nieve? Carlos bajó ligeramente la vista, bueno, creer creer, susurró.

El último día antes de empezar las clases, Laura ha aparecido con un regalo para Carlos. Es una camiseta negra con un dibujo en el pecho. Tiene una especie de castillo dentro de un círculo y las siglas HSM. Carlos no recuerda el significado de las siglas, pero asiente a la pregunta de si le gusta mientras mira la camiseta. He visto que vamos al mismo instituto, podríamos llevar las camisetas a juego el primer día ¿te apetece?, le pregunta ella. Carlos sonríe y añade más copos a la bola. Desde lejos ve que Laura ya le está esperando en la valla del instituto, le sonríe y le hace gestos de complicidad por la camiseta. Carlos le saluda con timidez. Cuando él llega, Laura le abraza y su perfume le invade completamente. A lo lejos, al lado de la puerta de entrada al edificio, ve cómo sus amigos se saludan efusivamente y asume que se están poniendo al día. Él también debería tener cosas que explicar. ¿Vamos?, le pregunta Laura. A medida que se van acercando a la entrada, Carlos se da cuenta como sus amigos se fijan en él y le comienzan a señalar con el dedo.

ejercicio cuatro — taller de escritura ‘no tener ni idea de nada’

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