amor_roto

asier
5 min readFeb 13, 2023

Mil pedazos por todos y de todos lados, el corazón hecho añicos, un cuerpo rasgado, latente, muy ardiente todavía, agrietado e, inevitablemente aunque esté ya roto, lleno de amor, mucho amor. Como dice Mafe “lo que importa siempre es el amor, el amor, el amor”, aunque también: “[…] que solo tiene sentido a través de una sentimentalidad centrada en el desgarro.” La gigantesca construcción que creamos de la nada, a base de las mayores ilusiones, energías y ganas desenboca al final en una aniquilación tal que cambia el curso de nuestra vida para siempre. Este libro recorre ese rastro, ese dolor, ese intento de resurgir, esa reflexión que solo el amor roto es capaz de dejar. “La única que permanece en la imposibilidad del amor idealizado soy yo, eternamente enamorada.

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Annie Ernaux dice en ‘El acontecimiento’: “[…] esas cosas me ocurrieron para que diera cuenta de ellas. Y quizás el verdadero objetivo de mi vida sea este: que mi cuerpo, mis sensaciones y mis pensamientos se conviertan en escritura”, que es lo que hacen los diez autores en este libro, dar cuenta y convertir en escritura todo ese amor, y desamor, vivido. Dice Mafe “[…] la escritura, como el desamor, no es individual. Se hace en compañia.” Me gusta mucho esta idea de la no individualidad del no amor, porque al acabar el amor se presupone una separación, un olvido, una ruptura de todo aquello que amabamos y cuidabamos, de aquello por lo que mostrabamos interes, de aquello con lo que disfrutabamos y sonreíamos y no es, ni de lejos, así. Para absolutamente nadie. Dice Juanpe “Lo que hace posible nuestra existencia, estar entregados a los demás, es también lo que nos puede aniquilar.” Es estar entregados a los demás. También: “Somos porque somos cuidados y somos cuidados y cuidamos porque somos queridos y queremos.” Cuidamos, amamos, queremos. Construimos un querer, un cuidar al ser querido, un amar, que luego se destruye inevitablemente en la ruptura pero que es imposible que desaparezca. Y por eso, me parece fundamental esto de Juanpe: “[…] para que pueda haber momentos en los que apenas notemos las fragilidades, es importante hablar de amor. Es importante hablar, también, de qué es lo que nos rompe el corazón.” ¿Qué es lo que nos rompe el corazón? ¿Por qué asumimos con tanta verdad que cuando todo acaba tiene que acabar de una sola, finita, rápida y aniquiladora vez? ¿Somos realmente capaces de destruir y olvidar todo aquello que hemos estado entregando, compartiendo y viviendo? No, desde luego que no. En relación a esto me parece perfecto esto de Laura “[…] Pero con una pareja damos por hecho que basta con decir ‘me he separado’ y no hacen falta más explicaciones para entendernos. A veces escuchamos frases como ‘se acabó el amor’ o ‘ya no sentía nada’, y parece que sabemos a qué se refieren, a pesar de que son frases sumamente ambiguas. ¿Cómo es posible no sentir nada? ¿De qué amor estamos hablando cuando decimos que se acaba?” Es que no se acaba, no de la nada.

Sobre este fin hay un concepto clave a tener en cuenta, que se basa en todos los mitos y creencias que nuestra cultura ha ido construyendo alrededor del amor y de las ruptura, y que se ha convertido en ley. Todo ese mundo pop, plástico y cinematrográfico que ha impregnado con creencias falsas nuestro día a día. Y digo flasas porque esas proyecciones culturales las hemos transformado en norma y las hemos aplicado, punto por punto, tanto en nuestro idilio amoroso como en el desamor. Se da a entender que solo hay una manera para enamorarse y otra para el desamor, sigue estas reglas y ya veras qué bien te va todo. Dice Laura: “[…] al igual que en el amor, en el desamor, en el desencuentro, en el estar rota, también se me ha colado una profunda idealización cargada de mitos, deberías y normas.” Esta diferenciación que hace Mafe aquí me parece muy significativa a la hora de entender esa diferencia: “No tenemos miedo al desamor, siempre caemos en los mismos errores y el desamor es una fiesta compartida porque las reinitas latinas sabemos que en el desgarro yace el feliz renacimiento.” Claramente no todo el mundo lo interpreta así.

La memoría es otra gran perjudicada en el desamor. También lo es en el amor, pero eso es otro libro. Casielles dice: “Una ruptura no es un punto en el tiempo, es un camino. Tal vez podamos empezar por ahí.” No es un punto más y adiós para siempre, bye bye, no. Es un paso más, un caminar más, un tramo más en el camino. Dice también: “[…] me sabe a trampa todo lo que ahorre el duelo. Todo lo que intente eludir el hecho de que se ha roto un camino de esperanzas. Se ha perdido un mundo, un idioma. Se ha perdido una determinada constelación de lo posible. Se ha perdido un modo concreto de intimidad.” Se ha perdido un todo que queda ahí, supura una verdad concreta que creíamos y queríamos y que ahora ya no existe más, no más como construcción, como constelación y futuro de ese algo posible que se había construido en unión. Casielles otra vez: “[…] por supuesto que el vínculo no es intercambiable, la pérdida se entiende tan irreparable y radical como de hecho es.” Si la memoria no es intercambiable, ¿por qué asumimos que toda esa memoría sí que lo será? Me gusta mucho esto de Andrea sobre esa memoria: “Hay días que deseo muy fuerte habitar en esos segundos de olvido.

Por último, este concepto de lo cristalino, del pedazo, de lo rasgado, roto, destrozado, que nunca jamás volverá a unirse igual. Dice Laura C.: “[…] desde la primera quiebra, fundacional, ya vamos a estar siempre entre (dos) aguas.” También: “No se trata de que para iniciar una relación haya que haber terminado otras. Ni siquiera tenerlas resueltas. Pero sí saber qué mochilas llevamos a la espalda.” Porque siempre habrá mochilas. “Hacerse cargo de lo que no es como modo de dejar que lo que es, sea.” Y termina: “Hilar como buenamente se pueda los pedacitos.

Este libro esta compuesto por diez maravillosos pedacitos sobre el amor roto. Mafe Moscoso, Fefa Vila, Laura Casielles, Juanpe Sánchez López, Andrea Momoitio, Meg-John Barker, Laura Latorre, Andrea Gumes, Lidia García García y María Bastarós construyen un relato fantastico, desgarrador en muchos casos, pero muy bello, que nos permite ahondar y tratar de entender mejor todo aquello que queda después. Después de la más absoluta e irremediable aniquilación. Como dice Casielles, “[…] es posible estar triste y contenta a la vez.

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